Infantil

Todos los niños en edad infantil y adolescente tienen algunas formas de comportarse que podrían ser tildadas de trastornos o problemas leves de conducta, es parte de la maduración para convertirse en adultos.

Todos en algún momento demuestran oposición a las normas, rebeldía, desobediencia, agresividad leve etc., el problema está cuando estos síntomas van a más y las conductas cruzan la raya de lo aceptable y comprensible.

 

TRASTORNOS DE CONDUCTA EN NIÑOS Y ADOLESCENTES

Los niños con trastornos de conducta van más allá, que la mayoría de los niños de su edad. Este tipo de trastornos están cada vez más identificados, extendidos y afectan a todos los estratos de la sociedad.

Es importante conocer los tipos y las razones que hay detrás de estas conductas y cómo solucionarlas a tiempo, ya que si no se cogen en edades tempranas pueden extenderse hasta la edad adulta y afectar las habilidades escolares, laborales y Sociales de las personas, marcándoles de por vida.

¿Cuales son los trastornos de conducta más habituales?

  • Trastorno de oposición desafiante: Se cree que uno de cada diez niños en edad escolar, podría sufrir de este problema que afecta normalmente a niños más que a niñas. Este trastorno viene generado por una combinación de factores biológicos y sociales. Los síntomas más comunes son: la desobediencia radical, ira, resentimiento, discusiones regulares con los adultos de su entorno, voluntad de molestar a los demás, baja autoestima, pataletas repetidas, impaciencia, sed de venganza, susceptibilidad…
  • Trastorno de la Conducta: son los niños que desafían regularmente la autoridad y se portan “mal”. También se da más en niños que en niñas y suele ser un trastorno relacionado con el Déficit de Atención e Hiperactividad. Algunos de los síntomas son: desobediencia a las reglas parentales o escolares, absentismo escolar, comportamiento cruel y agresivo hacia niños, animales y personas vulnerables (llegando al sadismo), violencia física, comportamientos criminales (robos, piromanía, vandalismo…), huidas del hogar, consumo de drogas, tabaco y alcohol a edades excesivamente tempranas… Si no se corrige a tiempo este trastorno podría derivar en trastorno de personalidad antisocial en la edad adulta.
  • Trastorno por Déficit de Atención con o sin hiperactividad: Es un síndrome conductual bastante común (aproximadamente entre el 2 y 5% de los niños lo sufre). También es más común en los niños que en las niñas. Pero con el tratamiento adecuado los niños pueden llevar una vida completamente normal. Los síntomas más comunes son: la falta de atención, dificultad de concentración, no terminar las tareas, impulsividad, impaciencia, tendencia a los accidentes y cuando hay hiperactividad asociada se le añaden: inquietud, nerviosismo y actividad permanentes. Lo más normal es que el déficit de atención venga acompañado de hiperactividad.
  • Ansiedad: de la ansiedad infantil como tal se ha comenzado a hablar hace relativamente poco, pero es algo muy real. Los niños con ansiedad suelen estar carcomidos por preocupaciones catastróficas de las que se autoculpan. Se sienten raros e incomprendidos por culpa de sus ideas y preocupaciones. Estos pensamientos les generan sentimientos negativos y agobios que les bloquean y les impiden avanzar, lo cual puede afectar notablemente su vida social y su rendimiento escolar. Suelen tener gran miedo al fracaso y a la humillación pública. Algunos de los síntomas físicos más comunes son: las náuseas, hiperventilación, mareos y/o ataques de pánico. Es complicado diagnosticar la ansiedad, ya que muchas veces los propios niños no quieren hablar de sus preocupaciones y temores por miedo al rechazo. Para solucionarla, hay que comprender la razón que hay detrás de la ansiedad y cómo combatirla. Una ansiedad tratada a tiempo es completamente curable y derivará en una persona adulta sana y equilibrada.

Si os parece que vuestro hijo puede sufrir de alguno de estos trastornos es importante que os pongáis en contacto con un especialista para que os ayude a diagnosticar el problema y contemplar las soluciones.

 

PROBLEMAS DE CONDUCTA EN NIÑOS Y ADOLESCENTES

¿Qué son?

Cuando hablamos de problemas de conducta existen numerosos comportamientos que los padres o los educadores pueden calificarlos como problemáticos. Algunos de estos comportamientos son los siguientes:

  • Exceso de movilidad o de energía que hace que el niño o niña no pueda estarse quieto.
  • Se enfada a menudo e incurre en pataletas.
  • Se enfrenta y desafía a los adultos.
  • Miente de forma frecuente.
  • Se niega a seguir las instrucciones de sus padres o educadores o demora su cumplimiento sin causa aparente.
  • Molesta deliberadamente a los demás.
  • No se responsabiliza de sus errores, acostumbra a culpar a los demás de su conducta.
  • Otros comportamientos más graves son agredir a otras personas, robar o destruir la propiedad ajena.

¿Cómo se originan los problemas de conducta?

El origen puede ser muy diverso y es necesario un buen diagnóstico de cada caso. Los problemas de conducta pueden derivar de:

  • Problemas de atención asociados con hiperactividad e impulsividad.
  • Problemas de tipo emocional que originan un gran malestar en el niño (ej: una separación de sus padres).
  • Imitación de otros patrones de comportamiento provenientes de la familia, del grupo de amigos o del entorno social.
  • Falta de consenso y coherencia en las pautas educativas de los padres.
  • Finalmente, hoy en día está bastante admitido un origen biológico en aquellos comportamientos más graves (agresión, robo, destrucción de la propiedad) siempre que el niño no los haya observado o aprendido en su entorno más cercano.

 

¿Cómo te podemos ayudar?

Desde Psicología Sí tenemos en cuenta que cada intervención dependerá del origen de los problemas de conducta, pero más allá de la naturaleza del problema, te podemos avanzar algunas pautas que generalmente son apropiadas:

  • Evitar el castigo físico y la humillación.
  • Descalificar la conducta concreta del niño y nunca descalificarlo como persona.
  • Utilizar el refuerzo positivo, es decir, recompensar y felicitar al niño por su comportamiento apropiado.
  • Promover la adquisición de habilidades sociales.
  • Ayudar al niño a que prevea las consecuencias de sus actos.
  • Ayudar a mejorar la empatía, es decir, a que sea capaz de ponerse en el lugar de los demás.
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